Sherlock Holmes y la mujer araña (1944)
Inglaterra, Segunda Guerra Mundial. Sherlock Holmes finge estar muerto para poder investigar sin trabas una serie de presuntos suicidios que tienen un punto en común: En todos los casos los cadáveres presentaban picaduras de araña. Sus sospechas acaban centrándose en la atractiva, pero muy peligrosa Andrea Spedding.
Aquí podemos conocer a nuestro detective favorito en una
nueva pero vieja aventura donde se enfrentará a una villana que tejera un
entramado y siniestro plan para acabar con sus víctimas en el Londres de antaño.
Holmes y Watson se enfrentan a uno de sus enemigos más
peligrosos. Y por pistas tendrán a arácnidos enojados, gases tóxicos, el
corazón mortal de Hitler y un niño muy siniestro. Detrás de todo está la
malicia de una mujer inteligente, cruel y astuta que alegremente desafía al
gran detective a hacer todo lo posible para detenerla.
Sherlock Holmes es parte de una historia que muchos hemos
conocido a través de los libros del escritor Arthur Conan Doyle y que ha
viajado en el tiempo en brazos de directores que con mentes creativas han reconstruido
en la pantalla grande, dando vida a este personaje excéntrico y que debido a su
forma de resolver crímenes no ha dejado
de lograr cautivar a esos detectives amantes del misterio que todos llevamos
dentro.
A pesar de ser un clásico del cine se puede notar que cuenta
con una buena trama que entretiene y brinda suspenso en cada escena, acompañado
de un fondo musical que solo era logrado en estas películas.
Bajo la dirección de Roy William Neill con Basil Rathbone,
Nigel Bruce y Gale Sondergaard, Sherlock Holmes y la mujer araña es una joya de
los clásicos en blanco y negro que con toda seguridad conquisto mi mente.
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